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domingo, 17 de mayo de 2015

On 16:27 by bici navegantes in , , ,    1 comment

Por @AMpuntonet

Villavicencio no tiene ciclovía, sino una recreovía que más parece un bazar líneal de pueblo. Son 2,83 kilómetros de recorrido nada amigable para los amantes de la 'bici'. Si tienes suerte alcanzas una velocidad de 10 kilómetros por hora, de lo contrario no pasas de cinco y, en varios trayectos, te conviertes en un 'bicicaminante'.

Algunos de los puntos más críticos son Cofrem, Cantarrana y Postobón. La música ensordece y hay que abrirse paso entre la multitud. Si cruzas por allí entre las ocho y las 10 de la mañana, los descordinados amantes de la rumba fitness, que toma fuerza en la ciudad, se apoderan de la vía. Si es más tarde, te puedes topar con un improvisado show canino. Los pobres perros babean más de la cuenta ante el inclemente sol mientras sus amos los exhiben como trofeos. Los que sacan pecho por machos, andan sin camisa y con sus pitbulls o bullterriers, las niñas, con pinchers o french poodles. Algunos aprovechan para ofertar los cachorros de la perra que compraron para tenerla en celo. ¡Qué paridera! Los defensores de los animales se suman, rayan una caja de madera con la etiqueta 'Adóptame'.

El domingo pasado decidí unirme a la recreovía. Comencé en el Parque de la Vida Cofrem y terminé en el supermercado Nova, en el lugar donde hace unas semanas los bicinavegantes decidimos celebrar la implementación de una ciclovía. Sí, una ciclovía cíclica, un tramo adicional de 3,2 kilómetros de circuito sin actividades recreativas, pero que se convirtió en un reversazo de la administración Zuluaga. Una parafernalia que mojó prensa y redes sociales. La cabeza del Imder salió ese día en fotos liderando el recorrido y, esa misma semana, anunciando que no iba más. Era de esperar algo así. No les importa incentivar el ciclismo urbano. Prefieren montar sus costosas bicicletas a una cuatro por cuatro y pedalear en trocha.

El domingo en la 'recochavía'. Perdón, recreovía, me llamó la atención que, hasta la mitad del recorrido, los jóvenes que colaboraban con el tráfico y hacían las veces de talanquera para los 'despotricados' adolescentes, no estaban uniformados ni vestían con los colores del Imder. Quizá no le quieren poner nombre al desorden, pensé.

A la altura de Cantarrana, paradójicamente, alguien cantaba. Eran los muchachos de Buseta Blues, su excelente música alternativa hacía eco. Más de 30 personas a su alrededor los escuchaban e impedían el paso. Me abrí camino con mi cicla entre la multitud mientras los jóvenes músicos se la rebuscaban y grababan una nueva producción. Aquí lo alternativo no tiene espacio. Se cree que lo bueno solo es el folclor y los contratos los firman folclóricamente.


Por un momento creí que pedaleaba a la entrada de rock al parque, en Bogotá. Un escuadrón del Esmad apostado en el separador vigilaba la recreovía. ¿Qué tal no fuera recreativa? Ni siquiera he visto a un grupo tan grande de policías protegiendo a los ciclistas de los hampones y criminales de la olla del Guatiquía. Sí, es un paso obligado para quienes quieren tomar la vía que conduce a Restrepo (Meta), y son decenas de deportistas los que pasan a diario por allí.

Que tristeza que el Esmad esté en ese lugar por culpa de unos adolescentes descontrolados que utilizaban la recreovía como cuadrilátero. Se citaban en redes sociales para darse en la jeta. Los autodenominados 'casafos', entre los 12 y 16 años, con un núcleo familiar descompuesto eran los artífices de los bochornosos hechos. Ya no pelean pero aún rondan la recreovía. Es fácil identificarlos. Van en grupos y miran desafiante. El domingo los vi. Ellos también a mí mientras los detallaba.

A la recreovía no todos van a ejercitarse. Algunos van de picnic. Los vendedores informales hacen su agosto. Algodones de azúcar, helados, chicharrones de puerco con arepa, pinchos, chorizos, mango biche, coco loco, lulada... Quien venga de una calle alterna y pase desprevenido, creería que está en un bazar o un mercado de las pulgas. Venden hasta camisetas y pintan tatuajes no permanentes.

Cuando no te frena una muchedumbre comiendo, lo hace un equipo de fútbol de banquitas, de voleibol, de lazo, o te detiene un repartidor de volantes. Solo falta que promocionen las casas de citas como lo hacen en San Benito, en Santa Helena o en los bares frente a Villacentro. El domingo me topé con un gestor cultural, también 'volanteando'.  Patrocina el teatro en patines. "4 años en adelante. Adultos, clases personalizadas",  se lee en el pequeño papel que recibí el domingo. Me ve y  aprovecha para anunciar que este 17 de junio habrá una reunión en la Cámara de Comercio de Villavicencio para socializar en qué va el proyecto de la ciudadela del artista. También quiere crear un colectivo de patinadores, como los hay en ciclismo urbano y de montaña. Antes de alejarse patinando, confiesa que a los patinadores los tienen excluidos en esta administración. "En el parque del Villa Bolívar, por ejemplo, nos tienen prohibido patinar", agrega.
Sigo mi camino en 'bici'. Veo niños pintando, cayéndose de sus ciclas, menores de edad solos, adolescentes picando sus ciclas como queriendo volar, caminantes, turistas dominicales y una incultura ciudadana. En la recreovía no existe el 'conserve su derecha'.  Van en contravía y por los andenes.

La politiquería también se apoderó de la ruta. Hay propaganda de Fernando Rivera muy cerca de las pancartas del Imder. Los futuros pregoneros electorales invitan a firmar por la candidatura de Darío Vásquez. La excusa es ofrecer hidratación y, al final, las bolsas se suman al 'basurero' que queda después de la una de la tarde, cuando termina la recreovía.

Es un verdadero bazar lineal de pueblo. Aunque no venden cerveza, las tiendas aledañas lo hacen. Y algunos de los llamados deportistas dominicales ni siquiera terminan los 2,8 kilómetros de recorrido cuando ya se les ve hidratándose etílicamente. Los ciclistas urbanos se van por calles aledañas para librarse de la muchedumbre. Prefieren intoxicarse con el esmog de motos y carros, que por arte de magia pasan las revisiones técnico mecánicas, o terminar arrinconados contra un andén por la falta de respeto de los conductores, antes de sumarse una vez más a este bazar, que no le da espacio a los ciclistas.





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