Promovemos la movilidad no motorizada en Villavicencio

domingo, 24 de mayo de 2015



Por @AMpuntonet

Domingo 24 de mayo. Volví de nuevo a la recreovía de Villavicencio. Tenía la esperanza de que aquel bazar de pueblo de ocho días atrás ya no estuviera. Me equivoqué. No solo se mantuvo lo narrado aquella vez sino que el proselitismo político la invadió.

Elianis Garrido, la exprotagonista que hasta el momento solo ha  protagonizado un escándalo en uno de los realities de la  televisión colombiana, lideraba una multitud de jóvenes, y en ese momento se convertía en un ejemplo. Había sido invitado por el movimiento ¡Jóvenes pensando en grande! para realizar una clase de rumba fitnnes. Vestían de verde con el mensaje “Luis Carlos #TeEscucha” estampado en el pecho. Cerca de 100 jóvenes bloqueaban el paso.  Los ciclistas se golpeaban el tobillo o la pantorrilla por tratar de abrirse paso entre la multitud. Amas de casa y curiosos la señalaban. “Es ella la que mechoneó a Óscar”, le susurraba una pequeña a quien parecía ser su madre.  La música ensordecía y el sol curtía poco a poco la piel de los bailarines. Aunque casi ni bailaban. Todos los que lo hacían vestían la propaganda de Luis Carlos Torres, exgobernador del Meta y esposo de la senadora Maritza Martínez.

Cuando los usuarios de la recreovía atravesaban la multitud, se topaban con un pasacalle de lado a lado, y a media altura, con el nombre de Jorge Pérez (Partido de la U). “Hablemos claro. Asamblea”, rezaba el incómodo aviso. También, hermosas impulsadoras con grandes escotes y atributos, invitaban a los curiosos para que se afiliaran a la televisión satelital.  “Ahora con Internet. Este llega del aire”, decía una de ellas.

Unos 200 metros más adelante, al cruzar la glorieta de Postobón, una voz aguda animaba a transeúntes y deportistas. “Gran exhibición de artes marciales mixtas”, anunciaba el locutor, mientras  un tipo de contextura delgada conectaba mazazos, soltaba trompadas y patadas. Las recibía un sparring. El cuadrilátero eran los pregoneros. Algunos repartían agua en bolsa, otros, apenas mostraban con orgullo la propaganda estampada en pecho y espalda, de colores azul y rojo: “Darío Vásquez, gobernador”.  Empecé a subir las fotos a Twitter. “Proselitismo político que invade, agrede y distorsiona razón de ser de estos espacios ciudadanos”, “Ello es proporcional a laxitud de moral pública”, “¿Será posible que tengan el criterio para elegir bien”, respondían.    

De regreso, volví a ver a los ‘casafos’, los adolescentes que solían citarse en la recreovía para combatir. Conté unos treinte, mucho más que hace ocho días. El Esmad ya no los vigilaba, en esta oportunidad estaba atrincherado en el estadio Macal para controlar a los hinchas del América de Cali. Su equipo se enfrentaba a Llaneros FC. Recordé entonces que el encuentro había obligado a reducir en una hora el tiempo de la recreovía, y decidí seguir pedaleando hasta la Avenida Catama y llegar hasta la extensión de recreovía, que según anunciaron empezaba en el CAI Catama y terminaba en el Hotel El Campanario.

¡Vaya sorpresa! No son cuatro kilómetros de recreovía, como anunció en una oportunidad la cabeza del Imder. En realidad son 2,5, y no llega a El Campanario. Otro reverzaso como el de la ciclovía cíclica inaugurada el Día de la Bicicleta. Pero no todo es malo. Debo decir que imaginé todo lo contrario a lo que me encontré allí. Hay suficiente espacio para las bicicletas, son tres carriles, más una ciclorruta en el separador. Es el lugar ideal para enseñarles a los pequeños a dar sus primeros pedalazos. No hay muchedumbre, son pocos los vendedores informales, no está aún invadida de propaganda ni de mítines políticos camuflados en actividades recreativas. También hay recreación y rumba fitness. Esta última, en un solo punto, pero no tan invasiva para el resto de usuarios. Hay que tener cuidado con las banquitas y la cancha de vóley queda al final, no hay problema. Y si ya has pedaleado a través de la tradicional, descubrirás, si la comparas, que la de Catama es la gloria.

Recreovía de la Avenida Catama.
Fin de la recreovía en la Avenida Catama




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