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domingo, 1 de marzo de 2015

On 19:46 by bici navegantes in ,    1 comment

Debo decir que los primeros días del reto de los 30 días fueron “un paseo” pues aún estaba de vacaciones y en ese entonces los recorridos que realizo no son muy largos. En general, ir a la tienda y volver. El reto empezó un domingo, día de “recreo vía” en la ciudad. Casi nunca salgo, siento que no se puede andar tranquilamente por la gran cantidad de oferta recreativa en el camino.

Algunos días tuve la sensación de que iba a llover, pero no fue asi, al contrario, hizo un sol bastante fuerte, con el que era necesario haberse aplicado una buena capa de bloqueador solar. El reto inicial fue llevar a mi hijo cada vez que salía en la bici en su silla especial, básicamente porque la silla estaba instalada en la bicicleta de mi esposa. Al principio tuve que acostumbrarme al peso adicional de mi hijo (20 kilos aproximadamente).

Algo importante que hay que resaltar es que en ningún lugar, excepto un centro comercial al que fuimos, habia un lugar adecuado especialmente para parquear la bici. En general los espacios utilizados como parqueadero fueron árboles, postes, paredes y salones vacíos.

Durante mis 30 días en bici, disfruté de cosas tan sencillas como ver un tapete de pétalos blancos y amarillos en tu camino mientras hueles el delicioso aroma que emana el ‘caballero de la noche’ al abrir sus hojas. Pero también de poder escabullirme entre los recónditos lugares que deja un montón de carros detenidos, sin lugar por donde moverse, y una masa de gente admiradora de una horda de caballos citadinos.

No me dejó de causar curiosidad la cantidad de gente que andaba pendiente del reto y de en que dia íbamos, confieso que hubo un momento en el que perdí la cuenta y en el cuadro de control que llevábamos tuve que numerar los días para retomar la cuenta. Fue interesante ver que tanta gente empezó a ver a los ciclistas y otros, a animarse a montar en bici.

No puedo dejar de nombrar nuestra asistencia  en bici al Villavo Love Festival 2015, como colectivo hicimos presencia. Era la primera vez que iba en cicla a un evento de estos. Mi esposa y yo estuvimos hasta el final del evento que disfrutamos en compañía de amigos, fue muy divertido.

En uno de los últimos días del reto, un conductor de volqueta me pasó demasiado cerca y, obviamente, me asustó. Quedó detenido en el semáforo y al recomendarle que tuviera más cuidado una próxima vez, miró con desdén mi vehículo (cerciorándose que no era una moto) y luego dijo que ni me habia visto. Yo iba por toda la mitad del carril ‘lento’.
Para terminar con este relato, debo decir que como una parte del reto entregué una propuesta para implementar cicloparqueaderos en la Universidad que trabajo. Haré seguimiento permanente a ese proyecto, pero espero que más gente se anime a usar la bici para ir a la U.

Algunos me preguntan que cómo he hecho porque la ciudad es muy insegura. La verdad, no tengo respuesta. Yo solo he disfrutado mi bici por la ciudad, de día, de noche y fines de semana. Intento no infringir las normas de tránsito, hacerme visible siempre y no hacer movimientos bruscos o dudosos que puedan hacerme peligrar. Yo soy uno de los ciclistas que no ruedo sobre la línea blanca, me parece peligroso, yo ruedo por la mitad del carril lento.

Montar en bici, desde mi perspectiva, no es más peligroso que andar a pie o en moto, incluso en carro. De hecho, las ciudades son lugares peligrosos, pero presiento que el peligro lo lleva uno en la mente, eso se refleja en las actitudes. El lugar es tan peligroso como yo lo sienta, o mejor, con lo inseguro que yo me sienta.  No hay que ‘dar papaya’ pero tampoco estar inseguro.

Aún faltan muchos kilómetros de cicloruta o carriles bici en la ciudad, pero el clima cálido es una buena excusa para andar en bici muy temprano en la mañana o en la tarde/noche. Además, la geografia de Villavicencio hace que todo sea cerca, o que así se sienta. Subir al buque o ir a Montecarlo no son sino excusas para escudar el miedo que produce subirse a la bici por primera vez. Yo también tuve días en los que no quería subirme a la bici, pero cuando me subía olvidaba eso y disfrutaba del paisaje o pedaleaba sin afán.

Así, sin excusas, rodé con mi hijo a cuestas subiendo al Buque o al centro, con sol o casi lluvia y recorrí 314 km. Usted también puede.
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