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lunes, 2 de febrero de 2015

On 20:51 by bici navegantes in ,    No comments
El árbol que funge como cicloparqueadero

No tuvimos otra opción que permanecer a la izquierda. Cuando nos enfrentamos a la glorieta, los carros y las motos nos arrinconaron.

Mientras seguía a Óscar, primero en bloque y luego en fila india, se me vino a la cabeza la frase aquella que, cuando caminando me choco de frente con un distraído transeúnte, pronuncio tanto: 'Conserve su derecha'. ¿Pero cómo?, me preguntaba. Si freno, corro el riesgo de ser arrollado y de servirle de escudo a Óscar para amortiguar levemente el golpe letal. Si giro a la derecha, el impacto lateral me elevaría por el aire y en la caída me destrozaría el pellejo contra el suelo, si antes no lo hace el chasis de un carro, claro está. 

Al salir de la glorieta, no tuvimos más opción que permanecer a la izquierda. La velocidad de los vehículos a motor era insuperable. Girar la cabeza sin perder la estabilidad del manubrio y buscar un espacio para cambiar de carril, para nosotros los principiantes, es bastante complicado. Sin contar que no llevaba conmigo las gafas contra la miopía.

El primer semáforo parecía ser la solución.

 Eran casi las ocho de la noche y habíamos decidido cambiar la ruta. No salimos del Barzal rumbo al descenso del Inem, sino que preferimos seguir por la vía que conduce a Puerto López y tomar la rotonda de Postobón, seguir por la Circunvalar hasta la Avenida Maracos.

Tenía razón. La luz roja nos permitió cambiar de carril, casi carreteando la cicla, como si se tratara de un par de 'bicicaminantes'. En la Avenida Los Maracos, en el mismo punto de siempre, Óscar siguió su rumbo y yo el mío. En ese sector, en horas de la mañana, del día noveno, del reto #30díasenbici, un camión me cerró como cuando los conductores de buses dan la guerra del centavo. No entendí su agresión que por poco me tumba al suelo. Lo único que supe fue que además de contaminar el aire con su exhosto chimenaa, se estacionó casi en seco junto a un prohibido parquear. Frené, busqué mi cámara y la chambonada del chofer quedó para la posteridad.

Seguí la ruta al trabajo con la sopresa de haber encontrado en la oficina a los mismos de la travesía a Cumaral, con sus bicis recostadas a un poste y diciendo, saben qué, somos unos amantes de la bici. Lástima que no tengamos un lugar más adecuado para parquearlas.

@AMpuntonet


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