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sábado, 31 de enero de 2015

On 18:40 by bici navegantes in ,    No comments


El día quinto, un jueves de mis #30DíasEnBici, coincidió con la cabalgata de apertura de Expomalocas 2015. Por primera vez me uní a ella con mi caballito… de acero.


A las 2:30 de la tarde, el gerente del tufillo anisado jaló las riendas de su caballo, se inclinó, me dio la mano, habló de 2.500 jinetes participantes  y dio la orden de inicio. Un locutor promocionaba el remate del recorrido, un parrando en el Parque Las Malocas, cuando recibió un grito de orden.
_¡Hermano!, no hay remate, el remate es en cada estación del recorrido, donde tendremos música llanera, aclaró el gerente, que ese día fungía como organizador.

Dos tractores agrícolas cruzaron por mi lado. Mi cicla seguía allí, recostada a un poste, la observaba de reojo. Las candidatas a Chica Llanero ofrecían tragos gratis hasta que subieron a la carroza. Bueno, en realidad era un camión acondicionado con una plataforma. Cinco de ellas serán la imagen de la marca, como lo fue hace un tiempo Nagzary Quevedo. Este año, María Alejandra Castillo, también cantante y de las artistas jóvenes que suenan en festivales, es una de las candidatas. Seguro quedará elegida.  

En este punto, desde donde observo, ya pasan borrachos a pie, vendedores ofreciendo cervezas y botellas de licor, jinetes con una mano en la de Old Park y la otra llevando las riendas. Mujeres hermosas en caballos de paso fino, erguidas. Saben que las están retratando.  Los curiosos, apostados en los andenes, detienen sus miradas en los carros antiguos: Jeep y Volkswagen son las marcas con mayor participación en el recorrido. De lejos, veo como se aproxima un  triciclo. Es la primera carretilla frutícola del municipio de Lejanías. Esperaba ver alguna imagen representativa de su municipio armada con frutas y semillas, pero solo vi la cara del ‘señor de la paz’ y símbolos oficiales.

No faltaron tampoco los ladrones. Tres mujeres cabizbajas y esposadas, eran conducidas por la Policía. “Rateras, rateras, fuera”, gritaba la gente. Hice un par de fotos. “Tómenles más. Estaban robando bolsos”, replicó un joven. La Policía actuó a tiempo y las condujo al calabozo. Ya estarán en la calle. 



Ahora era mi turno. Me subí al caballito y emprendí el retorno. Ya tenía las fotos. De nuevo, con sudor en pecho y espalda, regreso a la oficina y vuelvo al modo frigorífico, producto del aire acondicionado.

Ese día, la rodada fue la mismo en la mañana: Maracos, alto del INEM, San Benito, Siete de Agosto y Barzal. En la noche, vía a Pto. López, INEM, Villa Olímpica, Maracos… En esa vía, el olor a boñiga era penetrante, el gris del asfalto era verde por partes. Caballos amarrados a los postes y jinetes bebiendo. En un descenso,  apareció lo que presentía, un caballo desbocado con su dueño en el lomo. Por unos centímetros casi chocó con la bestia. Solo a él se le ocurre ir contra los carros, a oscuras, como si estuviera en la sabana.

Definitivamente prefiero las cabalgatas con caballitos de acero. Ahora recuerdo el debate que se armó en el muro de Jimena Rivera, en Facebook.  “Hoy, de nuevo, mi pueblo exhibe a gente que se sube a un caballo, se cree de ‘más nivel’ que el resto de mortales, se emborracha y maltrata a sus animales”, escribió. Vinieron comentarios de otros seguidores que asociaban a los jinetes con borrachos, con cultura traqueta, maltrato animal… También llegaron las voces de apoyo, como la del piloto: “Esa es una percepción tan equivocada como la de creer que montar en bici es de personas de menor nivel”, escribió el capitán.
 
“¿Por qué unos pocos montan para embriagarse y llamar la atención, está mal?. Aquí muchos montan con toda su familia, porque es su cultura su tradición”, siguió escribiendo y hasta propuso ir en ‘bici’ a ver a los toros coleados. “Tarde de toros coleados... Pufff, otra barbarie para trogloditas... Vamos en bici a ver y disfrutar de la vida, no a ver morir”, contestó alguien.

Sí. Les gustan los caballos, son llaneros. Es normal. Pero son para montar en la sabana, repliqué, para acompañar en el trabajo de llano y no en la ciudad. Si quieren que los vea la gente, los que vivimos en la jungla de cemento, mejor monten un caballito de acero, salgan todos los miércoles. A los bicinavegantes también los admiran. No cargan una de Old Park en la mano ni babean como sus caballos, toman agua y quizás sudan como equinos, pero el olor no fastidia a la gente de la ciudad ni ensucia las calles como la boñiga que termina ‘asfaltando’ los huecos. Ahh, y en los ciclopaseos también hay mujeres hermosas.


@AMpuntonet



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