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jueves, 29 de enero de 2015

On 19:48 by bici navegantes in ,    No comments



En el cuarto de mis #30diasenbici recorrí 39 kilómetros, los últimos 24 fueron los más duros de la jornada, con sube y bajas, sol y luna, caídos y desmayados, respirando smog y aire fresco, entre carros y bordeando una cordillera. Sensaciones solo posibles a bordo de una ‘bici’.

No quiero curtir mi piel con el sol. Casi que me bañé en crema protectora, que al final terminó deslizándose por el cuello entre gotas de sudor. La Avenida Los Maracos, el alto al INEM, San Benito, Siete de Agosto y Barzal fueron testigos. Ese fue mi tradicional trayecto de 35 minutos bajo los rayos de sol.

“¿Andrés, te quemaste?”. No respondí. Era obvia la quemada al estilo boyacense, cachetse y ojos rojos. Hoy sentí el sol tan picante como el de los veranos bogotanos y un día tan húmedo como el atardecer leticiano. Ignore la pregunta y seguí al pequeño baño de la nueva oficina. De nuevo la rutina. Zafarme la camiseta y vestir una nueva, seca y aún con el olor a Soflán.

Hoy no solo ahorré en transporte sino que beneficié a la empresa. Dos taxis menos. Decidí usar mi vehículo para ir en busca del organizador de la cabalgata que abrió Expomalocas. Monté mi bici y llegué a la Unidad de Licores del Meta. Pero antes, me topé con otro caballito, uno de carne y hueso, pero podría ser de acero por su remolque cargado de pesados hierros mientras su amo lo azotaba con un lazo. Una bestialidad, no por él sino por su dueño.





Llegué a mi destino. No hay parqueadero de bicicletas, pero sí suficiente andén para ajustar uno de los pedales contra el filo. Trascurrieron cerca de 30 minutos, diez de tertulia con el gerente y su tufillo a destilado. La nota está hecha y como la canción, es un periódico de ayer.

Durante los días anteriores hablamos con Óscar acerca del ciclopaseo de esa noche, sí, el fotógrafo de la cicla morada, el mismo que dispara su cámara en cada recorrido, pero cuyas fotos parecen haber quedado en el baúl de los recuerdos. Los bicinavegantes todavía preguntan por ellas. Esas charlas motivaron a Gustavo, compañero de trabajo, para que comprara una bicicleta y se iniciara como bicinavegante. Esa misma tarde fuimos por su bici, la de sellos GT y Shimano. Tuve que pedalear en ella mientras él ser perdía en su moto. No tengo licencia y fue la única solución para volver a la oficina. El trayecto se me hizo eterno. Mis extremidades parecían bailando sobre pedales. El plato y el piñón giraban a gran velocidad, mientras veía pasar a los lentos transeúntes.

El reloj marcaba las ocho. Ya no había tiempo para llegar al punto de encuentro. Era el ciclopaseo a la vereda La Argentina. La avanzada ya estaba en fila, mi novia Stefy y Charrupí, un 'neonato' colega, estaban a punto de partir con la cabalgata de acero. Minutos después los interceptamos y comenzó la aventura 'gaucha', como bordeando la cordillera Oriental, en un recorrido que a veces me hacía sentir en una montaña rusa...

La historia aquí no termina. El cuarto de #30DíasEnBici continuará.
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