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lunes, 19 de mayo de 2014

On 07:55 by Juan Manuel Rojas in    No comments

La palabra ciudad y la palabra civilización tienen el mismo origen, por lo que podríamos afirmar que la ciudad dio origen a la civilización y que, por ende, una no existiría sin la otra. También es válido acotar que al establecer el concepto de ciudad fuimos olvidando el de naturaleza.

 Si bien es cierto que las ciudades han entrado en un proceso de transformación acelerada y continua, en el que lo importante es crecer  y expandirse, en donde las personas se enajenan unas de otras y la persona más importante es aquella que vive con su tiempo ocupado. Cada vez los seres humanos somos más dependientes de la tecnología,  es tan  así  el asunto que este escrito fue redactado en una computadora, si necesitara transportarlo  debo guardarlo en una USB, para que pueda ser leído necesito una impresora, para irme a la U debo tomar un bus mientras tanto puedo escuchar música en  mi Ipod, claro, si tengo la suerte de que mi celular no suene, y, como para no extenderme más, para tomar clase dentro del salón es necesaria la corriente eléctrica.

Lo anterior citando a Günther Anders  lleva al ser humano a “avergonzarse de la imperfección y la debilidad  de su ser biopsíquico cuando lo compara con la perfección de su hacer tecnológico”[1]. Es así como hemos llegado a un estado que José Argüelles[2] llama tecnosfera, que define como “una capa o membrana artificial que se sostiene con la tecnología industrial como un sistema completo”[3]. Sus efectos son suplantar los procesos orgánicos de la biosfera, concluye Argüelles. Es la tecnosfera la que ha generado todos esos comportamientos dentro de un estadio comúnmente acelerado al que llamamos ciudad, y que, apoyado de otros elementos como el reloj y el calendario, ha logrado inmiscuirnos dentro de una invasión de ideas, sensaciones y proyectos que llamamos pensamientos. Esos pensamientos nos han alejado de nuestro ser natural y de nuestra relación con la naturaleza.

¿Qué ha pasado con la humanidad que a veces pareciera que creyera que los recursos naturales son infinitos y que las ciudades son eternas? ¿Será que el ego de nosotros los “civilizados” es tan grande que creemos que aun tenemos Tierra para rato cuando sabemos que debemos cuidar lo poco que tenemos?

La exploración del espacio ha llevado al hombre a soñar con que próximamente tendremos ciudades espaciales, cada vez más pequeñas y con más gente ¿será que piensan que podremos conquistar otro ambiente hostil y vivir en otro planeta como solución cuando acabemos con los recursos de este? O empezará una lucha por la tierra para construir a profundidad o ciudades que sean aéreas. Según Felipe Fernández-Armesto, el concepto civilización denota “un proceso colectivo de autodiferenciación respecto a un mundo caracterizado”[4].

 Hemos olvidado mirar al cielo. También hemos perdido respeto por la superficie que pisamos y del que obtenemos –o por lo menos obteníamos-  alimentos. Cada vez somos seres más individuales y menos sociales. Las ciudades se han vuelto un océano de seres zombies conectados a todo tipo de aparatos eléctricos y electrónicos. La biodiversidad sigue disminuyendo. Y los bosques y selvas siguen desapareciendo. 


[1] S.A., Urbanismo, espacio y ambiente, p. 203
[2] José Argüelles tiene Ph.D. en Historia del Arte y Estética de la Universidad de Chicago. Fue uno de los fundadores del Día de la Tierra, 1970 (Primer Festival de la Tierra Entera, Davis, California, 1970), trabajó como un activista por la paz y la transformación de la conciencia planetaria.
[3] ARGÜELLES, José, Time and the Technosphere: The Law of Time in Human Affairs, Bear & Company, 2002
[4] FERNÁNDEZ-ARMESTO, Felipe, Civilizaciones, Taurus Editores, Colombia, 2002.


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