Promovemos la movilidad no motorizada en Villavicencio

lunes, 28 de abril de 2014

On 17:35 by Juan Manuel Rojas in    2 comments

Hace poco más de dos meses emprendí la tarea de ser un ciclista urbano de tiempo completo. Debo confesar que todo el año anterior estuve indeciso entre una moto y una bicicleta eléctrica, que parecía más una moto. La verdad nunca me han gustado mucho los carros y no ha sido una meta de “logro” en mi vida tenerlo, así que ese de principio ya estaba descartado. Al analizar las posibilidades entre la bicicleta eléctrica y la moto, y la destinación del rubro para transporte era exageradamente alto, inclusive si lo único que hacía era reemplazar el gasto por una u otra opción.

La que siempre llevó la delantera en las preferencias fue la bicicleta eléctrica, pues me gustaba la idea de poder transportarme sin añadir más contaminación a la ciudad, además, la relación costo-beneficio era bastante viable, pues con lo que yo destinaba para utilizar transporte público en un mes, podía pagar el vehículo y me sobraba para ahorrar. La opción de la moto fue desechada al pensar en que no sé manejarlas, no tengo pase y los adicionales que cobran al comprar una en los concesionarios.

Estaba decidido hasta que un buen día un familiar, quien siempre ha sido uno de mis ejemplos a seguir, me recordó que existía la opción de usar la bicicleta para esos menesteres. De eso, algo supe por allá en el remoto 1995 cuando en Bogotá, la ciudad en la que crecí, no existía TransMilenio y mucho menos un asomo de las actuales ciclorutas, pero yo me animaba a irme desde mi casa, en Metrópolis, hasta la universidad que quedaba en la Calle 72 arriba de la 11.

Mi tío me mencionó que en su ciudad, Cali, existen varios grupos de ciclistas urbanos que usan la bicicleta a diario y que él pertenecía a uno. Dicho lo anterior, sacó su celular y me mostró su amante metalizada (que hasta tenía nombre, pero no lo recuerdo). Con eso, la decisión cambió radicalmente, pues recordé aquella navidad en la que tanto anhelé una bicicleta, y sin esperarlo, estaba ahí, debajo del árbol. Una sensación de felicidad me inundó.

En enero, con mi esposa, estábamos decididos a que nos íbamos a montar en bici para transportarnos, así que aprovechamos nuestro viaje a Bogotá para cotizar algunos modelos de bicicletas acordes con nuestro presupuesto. En el almacén nos atendió una chica muy amable que nos “obsequió” varios accesorios como las luces, la parrilla, unos cojines de manubrio adicionales y otras cosas.

Luego de algunos ajustes, empezamos a montar a diario en nuestras bicis, y estamos convencidos que ha sido la mejor inversión que hemos hecho para transporte. Hay accesorios que aún no tenemos, pero esperamos conseguirlos con calma y perseverancia. Mi esposa, viaja por lo menos 3  veces a la semana con el niño en la bici para llevarlo a sus clases de natación. Yo, la utilizo prácticamente todos los días para ir al trabajo.

Al principio tuvimos nervios de andar con el tráfico o en la noche, pero como hace poco le decía a unos amigos “me siento más seguro manejando mi bici, que manejando un carro”.


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